El mayor influencer de carne del Conurbano
September 17, 2023La historia de Virginia Silveira
October 10, 2023Hasta ahí llegó, mediante las stories de Instagram, Silvina. “Pensé que sería una buena oportunidad para ganar un dinero extra, ya que con mis tres trabajos diferentes no alcanza”. Acostumbrada (trabaja, por ejemplo, a tiempo parcial alquilando departamentos de Airbnb), vio que era una oportunidad. Hizo clic y fue a una conversación por WhatsApp. Allí le explicaron la misión: ayudar a que vendedores de Mercado Libre, en su competencia por aparecer más arriba en los listados, puedan posicionarse mejor en la plataforma. ¿Cómo? Vendiendo más. Ella iba a ser una de las “clientas” de esas publicaciones, e iba a tener que comprar productos inyectando dinero. Esos productos no los iba a recibir, porque lo que importaba era la transacción; luego, le iban a reintegrar el dinero a su cuenta de origen, con una comisión, que podía oscilar entre el 10 y el 20 por ciento. Si compraba un producto de 2000 pesos, le volverían mínimo 2200. El vendedor subía en los listados, ella ganaba dinero. La plataforma intermediaba, ganaba dinero de los vendedores y premiaba a los compradores, como Silvina.
Aunque Silvina no lo tuvo en cuenta, esta práctica de por sí es fraudulenta, ya que apuesta a inflar los números de ventas para obtener mejores ubicaciones en el ranking interno de las tiendas, que a su vez tienen diversas herramientas de verificación interna para evitar estas estrategias. Es por eso por lo que las personas que le ofrecían este negocio a Silvina no le pidieron que participara en la tienda de Mercado Libre ni en la de Amazon. En cambio, le dieron un usuario y contraseña en otra plataforma, de nombre Shopa.
La alfombra persa de los 900.000 pesos
Allí figuraría una réplica del marketplace y los productos “seleccionados”. Entonces le asignarían misiones. En honor a su bienvenida, le dieron crédito: 600 pesos. La primera compra la usó como caso testigo y compró algo sencillo: una serpentina, de esas de fiesta. En total, 75 pesos. A su cuenta le transfirieron 110. Negocio.
Entonces se envalentonó y fue completando más misiones: comprar productos y recibir comisiones por eso. Siempre, el dinero invertido y una ganancia, el premio por su tarea “promocional”. “El primer pago lo recibí rápido y entonces fui acumulando compras y productos. El problema fue después, cuando aparecieron productos más caros”, señala Silvina. Ella debía inyectar dinero en la plataforma para poder acceder a productos de más valor y, así, obtener mayores ganancias.
El tema se agravó cuando en la tienda Shopa apareció un producto caro en el radar: una alfombra persa que costaba 900.000 pesos. Era una inversión grande, pero también lo sería la ganancia: cien mil pesos más por hacer un par de clics. Pero a diferencia de las ocasiones anteriores, aquí no hubo celeridad en la devolución del dinero que había ingresado en la plataforma (a veces con una transferencia bancaria, otra con pagos desde billeteras digitales).
Después de un tiempo prudencial contactó al servicio técnico de sus empleadores, preocupada. Le respondieron que el problema era que debía abonar un impuesto por las ganancias extraordinarias que había obtenido. Le pasaron otro CBU para pagar lo “correspondiente”. Fue entonces cuando empezó a sospechar. Se indignó: comprendió que era una estafa y que nunca le devolverían el dinero. Entonces los increpó. La respuesta inmediata fue: “así es como otras personas ganan dinero”. Y cortaron comunicación. La sospecha se comprobó.
Entonces se envalentonó y fue completando más misiones: comprar productos y recibir comisiones por eso. Siempre, el dinero invertido y una ganancia, el premio por su tarea “promocional”. “El primer pago lo recibí rápido y entonces fui acumulando compras y productos. El problema fue después, cuando aparecieron productos más caros”, señala Silvina. Ella debía inyectar dinero en la plataforma para poder acceder a productos de más valor y, así, obtener mayores ganancias.
El tema se agravó cuando en la tienda Shopa apareció un producto caro en el radar: una alfombra persa que costaba 900.000 pesos. Era una inversión grande, pero también lo sería la ganancia: cien mil pesos más por hacer un par de clics. Pero a diferencia de las ocasiones anteriores, aquí no hubo celeridad en la devolución del dinero que había ingresado en la plataforma (a veces con una transferencia bancaria, otra con pagos desde billeteras digitales).
Después de un tiempo prudencial contactó al servicio técnico de sus empleadores, preocupada. Le respondieron que el problema era que debía abonar un impuesto por las ganancias extraordinarias que había obtenido. Le pasaron otro CBU para pagar lo “correspondiente”. Fue entonces cuando empezó a sospechar. Se indignó: comprendió que era una estafa y que nunca le devolverían el dinero. Entonces los increpó. La respuesta inmediata fue: “así es como otras personas ganan dinero”. Y cortaron comunicación. La sospecha se comprobó.